Poema al niño Jesús

Vino para los hombres la paz de las alturas,
y en el mezquino establo, corona de un alcor,
tras angustiosa noche de maternas torturas,
Jesús cayó en la tierra, débil como una flor.

Música de las cosas alegró las oscuras
bóvedas del pesebre, y en un himno de amor
adoraron al niño las humildes criaturas:
un asno con su aliento, con su flauta un pastor.

Después, los adivinos de comarcas remotas
ofrendárosle mirra, y en sus lenguas ignotas
al pequeño llamaron Príncipe de Salem.

Mientras en el Oriente con pestañeos vagos
dulcemente brillaba la estrella de los magos,
los corderos miraban hacia Jerusalén.

Autor: Víctor M. Londoño

Pastores y Pastoras

Pastores y pastoras,
abierto está el edén.
¿No oís voces sonoras?
Jesús nació en Belén.

La luz del cielo baja,
el Cristo nació ya,
y en un nido de paja
cual pajarillo está.

El niño está friolento.
¡Oh noble buey,
arropa con tu aliento
al Niño Rey!

Los cantos y los vuelos
invaden la extensión,
y están de fiesta cielos
y tierra… y corazón.

Resuenan voces puras
que cantan en tropel:
Hosanna en las alturas
al Justo de Israel!

¡Pastores, en bandada
venid, venid,
a ver la anunciada
Flor de David!.

Autor: Amado Nervo

Nochevieja 2010 en Bérchules

Bérchules, el conocido municipio granadino, celebró el sábado día 7 de agosto su ya tradicional Nochevieja de Agosto, este año enmarcada bajo el lema “por una infancia mejor”.

En esta tradicional fiesta hubo uvas, turrones, polvorones y todos los productos relacionados con el período navideño.

A los actos asistieron alrededor de 7000 personas, y el día comenzó con el ya más que tradicional Paseo del Borrico, donde se repartió anís, aguardiente, coñac y polvorones, así como se pusieron a la venta gorros de cotillón a un euro, con el fin de recaudar fondos para los más necesitados.

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Un comercio en Londres vende adornos de Navidad con cuatro meses de antelación

Cada año se adelanta aún más el período navideño. En esta ocasión, ha sido una tienda de Londres, la que ha comenzado ya a vender diversos artículos relacionados con la Navidad, tales como los árboles, figuritas y diverso material para decorar nuestros hogares al ambiente festivo.

Aunque aún queda más de un mes para que finalice el período estival de sol y playa, tal vez podría ser una buena opción que comenzaras a montar el arbolito y el Portal de Belén, y es que seguro que serías el primero en hacerlo de tu lugar de residencia habitual.

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La Balada de Año Nuevo

Autor: Manuel Gutiérrez Nájera

En la alcoba silenciosa, muelle y acolchonada apenas se oye la suave respiración del enfermito. Las cortinas están echadas; la veladora esparce en derredor su luz discreta, y la bendita imagen de la Virgen vela a la cabecera de la cama. Bebé está malo, muy malo… Bebé se muere…

El doctor ha auscultado el blanco pecho del enfermo; con sus manos gruesas toma las manecitas diminutas del pobre ángel, y, frunciendo el ceño, ve con tristeza al niño y a los padres. Pide un pedazo de papel; se acerca a la mesilla veladora, y con su pluma de oro escribe… escribe. Sólo se oye en la alcoba, como el pesado revoloteo de un moscardón, el ruido de la pluma corriendo sobre el papel, blanco y poroso. El niño duerme; no tiene fuerzas para abrir los ojos. Su cara, antes tan halagüeña y sonrosada, está más blanca y transparente que la cera: en sus sienes se perfila la red azulosa de las venas. Sus labios están pálidos, marchitos, despellejados por la enfermedad. Sus manecitas están frías como dos témpanos de hielo… Bebé está malo… Bebé está muy malo… Bebé se va a morir…

Clara no llora; ya no tiene lágrimas. Y luego, si llorara, despertaría a su pobre niño. ¿Qué escribirá el doctor? ¡Es la receta! ¡Ah, si Clara supiera, lo aliviaría en un solo instante! Pues qué, ¿nada se puede contra el mal? ¿No hay medios para salvar una existencia que se apaga? ¡Ah! ¡Sí los hay, sí debe haberlos; Dios es bueno, Dios no quiere el suplicio de las madres; los médicos son torpes, son desamorados; poco les importa la honda aflicción de los amantes padres; por eso Bebé no está aliviado aún; por eso Bebé sigue muy malo; por eso Bebé, el pobre Bebé se va a morir! Y Clara dice con el llanto en los ojos:

-¡Ah! ¡Si yo supiera!.

La calma insoportable del doctor la irrita. ¿Por qué no lo salva? ¿Por qué no le devuelve la salud? ¿Por qué no le consagra todas sus vigilias, todos sus afanes, todos sus estudios? ¿Qué, no puede? Pues entonces de nada sirve la medicina: es un engaño, es un embuste, es una infamia. ¿Qué han hecho tantos hombres, tantos sabios, si no saben ahorrar este dolor al corazón, si no pueden salvar la vida a un niño, a un ser que no ha hecho mal a nadie, que no ofende a ninguno, que es la sonrisa, y es la luz, y es el perfume de la casa?.

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