Vino para los hombres la paz de las alturas,
y en el mezquino establo, corona de un alcor,
tras angustiosa noche de maternas torturas,
Jesús cayó en la tierra, débil como una flor.Música de las cosas alegró las oscuras
bóvedas del pesebre, y en un himno de amor
adoraron al niño las humildes criaturas:
un asno con su aliento, con su flauta un pastor.Después, los adivinos de comarcas remotas
ofrendárosle mirra, y en sus lenguas ignotas
al pequeño llamaron Príncipe de Salem.Mientras en el Oriente con pestañeos vagos
dulcemente brillaba la estrella de los magos,
los corderos miraban hacia Jerusalén.
Autor: Víctor M. Londoño




Fecha: 30 de agosto de 2010
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